ANÀLISIS

ANÀLISIS Estructura parroquial

La parroquia no es una estructura caduca
José Manuel Marhuenda (Valencia)

Hablando con un seminarista, me decía, algo escandalizado, que otro compañero del seminario le decía que la Parroquia es una estructura caduca, que no tiene futuro. Todo lo contrario de lo que nos dice el Papa Francisco en el número 28 de Evangelii Gaudium:
«La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad.

Afirmar que la parroquia es una estructura caduca sólo se puede hacer cuando no se ha tenido una experiencia de “ser parroquia”, o desde una mentalidad individualista, estrecha y pobre, que no ha descubierto la pluralidad y riqueza que suponen los diferentes carismas y dones integrados en una comunidad parroquial, como bien nos habla San Pablo en 1 Cor 12. Para ese tipo de mentalidades, de pensamiento único, todos tendríamos que ser y pensar como ellos.

Resulta lamentable que un futuro sacerdote “diocesano”, que muy probablemente va a ser destinado a ejercer su ministerio en una parroquia, tenga ese tipo de mentalidad, ya que con ella no ayuda a la construcción de una Comunidad Parroquial abierta, plural, donde todos caben, niños y niñas, jóvenes, adultos, mayores… de distinta clase y estamento, donde laicos, personas consagradas y párroco trabajan en equipo, cada uno desde su misión y función.

Cuando la parroquia no se construye así, se fomenta el clericalismo, pues lo que debería ser fruto de “la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad”, como indica el Papa, se convierte en una comunidad parroquial a imagen y semejanza de la mentalidad de ese párroco. Y tristemente los laicos que no tienen esa misma mentalidad terminan por dejar la parroquia, pues se sienten desplazados, ninguneados.

Aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo «la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas». Nos decía San Juan XXIII: «La parroquia debe ser “como la fuente de la aldea, a la que todos acuden para saciar su sed”». La parroquia, es la “fuente”, a la que acuden los habitantes de la aldea, niños y niñas, jóvenes, adultos, personas mayores, para recoger, beber y saciar “la sed de Dios”.

A mí me gusta utilizar la imagen de la casa, como indica el objetivo pastoral que tenemos en mi parroquia: “La Parroquia es c@sa de tod@s”. Así veo a la Iglesia, la casa de Dios, a la que entramos por el Bautismo, donde todos nos sentimos hermanos y hermanas de un mismo Padre. Ser parroquia es sentirse como en casa, querido, acogido, valorado… y todos debemos colaborar, aportar, preocuparnos y ocuparnos de lo que sea necesario para que funcione.

Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos.

La parroquia es una casa con las puertas abiertas, que como gran familia también se ocupa y preocupa de lo que pasa en la calle, en el día a día, a otros miembros que no se acercan por diferentes motivos, y nosotros debemos salir a su encuentro. Ya no podemos ni debemos concebir a la parroquia como administradora de “servicios”, esperando a que la gente venga: debemos salir al encuentro de los demás, sobre todo de los más necesitados y desfavorecidos y también de los que no han oído hablar de Jesucristo.

La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero.

La parroquia es “Comunidad de comunidades”, integrada por los feligreses, asociaciones, grupos, las distintas espiritualidades, los diferentes carismas, movimientos… que como hermanos y hermanas celebran comunitariamente la Eucaristía el Domingo, el Día del Señor, como gran familia que somos. Por eso no podemos celebrar Eucaristías paralelas, pues acabamos generando iglesias paralelas. No podemos caer en errores pasados, cuando se decían misas en las distintas capillitas de un mismo templo, y algunas incluso a la vez. Tampoco cabe hablar de “la Eucaristía de tal o cual grupo”, ya que celebrar la Eucaristía debe ayudarnos a construir y fortalecer la Comunidad Parroquial, con la riqueza que supone celebrar en comunión con las distintas espiritualidades, edades, estados…

Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión.

De ahí la necesidad de iniciar procesos en las parroquias, englobando a niños, jóvenes y adultos en corresponsabilidad, formándolos en Equipos de Vida y enviándolos a ser apóstoles en el mundo de hoy para la evangelización de las personas y de las realidades en las que está inmersa la parroquia.

Parroquias en las que la Eucaristía dominical sea el centro de su vida, el lugar del encuentro real con Cristo y con los demás miembros de la parroquia. En torno a la Eucaristía se articulan los diferentes Equipos de Vida, grupos, espiritualidades… en los que los laicos puedan formarse, orar, celebrar y compartir su vida. Y como fruto de esta vivencia de fe en la parroquia, las personas irán implicándose de forma gradual en las diversas áreas, tanto de carácter intraparroquial como extraparroquial.

El Papa Francisco nos llama a ser discípulos-misioneros, y la parroquia es el cauce habitual para avanzar en este sentido. La parroquia no es una estructura caduca, sino el instrumento que permite hacer vida las palabras proféticas de nuestros obispos: “La nueva evangelización se hará, sobre todo, por los laicos, o no se hará” (CLIM 148); y también: “La evangelización se hará por cristianos convertidos y convencidos maduros en su fe” (OMSE 37).

ANÀLISIS Estructura parroquial

La parròquia no és l´única institució
Noves propostes pastorals
Marisa Rodríguez Fernández (València)

Soc del parer que la parròquia no és una estructura caduca. Però hui molts analistes (pastors, teòlegs, etc.) insistixen que les formes tradicionals en què estan instal·lades massa parròquies no responen a la sensibilitat i al llenguatge contemporanis. Parròquies mancades de comunicació amb el barri, amb formes poc creatives, conservadores, generant indiferència. I, d’altra banda, una societat «anti» que no facilita la trobada amb l’estructura eclesial. Estem vivint un verdader i profund canvi d’època. Urgix una reflexió sobre la relació jove–Església, que s’ha deteriorat en les últimes dècades. ¿Valorem experiències noves?.

La desconnexió amb les parròquies és gran en el moment present. Les parròquies tenen un gran repte per a no quedar convertides en museus. Estem obligats a revisar l’«estructura» actual de la parròquia, i a pensar que pot haver-hi maneres diferents d’organitzar-se. Alegra veure alguns laics compromesos en els diferents espais de l’evangelització, però ¿ens falten projectes nous?. El pes del passat és tan gran que no és fàcil obrir un horitzó nou.

Diu el sacerdot Pablo d’Ors: «El nostre problema, hui, a Espanya, això és molt gros, és que estem enfadats amb els nostres avantpassats espirituals. És a dir, amb la història de l’Església: no ens reconeixem. Hem fet una ruptura; hem matat el pare. I, ¿què passa quan has matat al pare? Perquè, el que hi ha és una generació d’orfes: això és el que ens succeïx. Hui estem en estat d’indiferència, més o menys, generalitzat perquè hem trencat amb el passat. Sense passat no hi ha present i això és el que passa ara mateix. I, més enllà del fet que després la gent es faça catòlica o no, l’important és que tu et reconcilies amb d’on vens».

D’on venim? ¿Quines han sigut les característiques dels nostres millors períodes històrics d’evangelització? Personalment, considere que hi ha dos vies excel·lents: l’espiritualitat d’adoració silenciosa i la solidaritat intercultural. Dos camins que ens estan demanant hui creativitat i renovació, amb estructures simples, sanes i autèntiques.

Hi ha diferents iniciatives pastorals en la nostra diòcesi, i fora d’ella. És bo donar-les a conéixer, i cal que en parlem. Nosaltres, els deixebles de Jesús no hem de buscar dir per a rebre títols d’honor, autoritat o supremacia. La modèstia és una virtut essencial. Però els convide a compartir en veu alta, al servici del nostre proïsme, les coses que fem i les que ens agradaria fer. Per favor, compartim propostes pastorals noves. Necessitem conéixer eixos espais que són una mica profètics.

L’Església que es troba a la ciutat, necessita nous projectes urbans, amb la creativitat pastoral suficient i necessària per a atendre adequadament les persones en la seua situació; noves unitats d´evangelització, barrials, ambulants. Associacions, cooperatives, sopars, quadrilles...
Ens ha de preocupar molt el fet de llançar iniciatives socials i espirituals per a persones que no se senten convocades des de la pastoral tradicional de l’Església; persones que no tenen pràctica religiosa. En la seua tasca evangelitzadora, en els últims anys, l’Església a València no ha aconseguit avançar significativament en la dimensió social i espiritual de l’Evangeli; per este motiu molts laics no aconseguixen superar la seua indiferència davant dels problemes que es donen en la nostra societat.

L’any 2014 el sacerdot Pablo d’Ors va fundar l’associació d’Amics del Desert. Hui són 40 Seminaris de Silenci dispersos per la geografia espanyola. És com un monacat secular. És a dir, que hi ha unes 15 o 20 persones, d’eixos 500, que s’estan consagrant, enmig del món, segons un estil de meditació, de silenci, desert i amistat. Un monacat compatible amb la secularitat, fins al fons. És a dir, no solament compatible amb la vida laboral, sinó també amb la vida matrimonial i familiar.

Em convencen esta classe d’iniciatives, més enllà de l’estrictament parroquial. Realment hi ha un anhel espiritual molt gran en esta societat tan secularitzada, i cal proposar coses noves. Cal aportar a les formes tradicionals que oferix l’Església catòlica, una cosa nova i diferent. Sovint allò de sempre no respon a la sensibilitat i al llenguatge contemporanis.

A vegades em pregunte: ¿On estan les noves propostes espirituals i pastorals en la nostra diòcesi? ¿On s’estan realitzant? Segur que n’hi han moltes; compartim-les en Cresol, una revista que està oberta a la novetat. Propostes tal vegada minoritàries, perquè el que és nou i compromés mai ha sigut majoritari, sempre han sigut d’una xicoteta porció dels cristians. Però unes minories significatives. Jo tinc l’esperança que cada vegada sorgisquen noves iniciatives. Pense que hi ha tant a purificar en les nostres formes pastorals heretades...

És urgent i fonamental per a l’Església valentina de hui, la renovació espiritual i pastoral de les estructures. I, per això, els convide a comunicar propostes per a la catequesi, per a l’exercici de la caritat, per a la litúrgia; per a la pastoral dels allunyats... Propostes amb una certa novetat capaces de connectar amb l’anhel espiritual i de renovació pastoral de la gent de hui.

Vivim entre cristians burgesos i acomodats; igualment bisbes, preveres i religiosos. L’opció preferencial pels pobres és un dels trets que ha de marcar en el present i en el futur la fisonomia de l’Església a València: parròquies, col·legis, mitjans de comunicació..., amb una opció clara per aquells que més ens necessiten.

Constate que hi ha parròquies que posen en marxa projectes de renovació de la pastoral desenvolupant processos nous, però acaben sent només iniciatives aïllades i personals d’alguns sacerdots o religiosos, però no acaben de quallar a nivell diocesà per diversos motius. Els responsables tenen entusiasme però manquen de recursos i suport suficients. Cal que els dirigents diocesans assumisquen amb major obstinació la funció de donar soport que els correspon perquè puguen sorgir realitats noves compartides.

És evident que l’Església Catòlica en general, els arxiprestats i les parròquies, si volen sobreviure, han de fer una revisió en profunditat; cal eixir de l’aïllament, del feudalisme medieval. Cal tindre esperança en els pastors pròxims al poble. La unió fa la força.

Necessitem noves formes d’agrupacions laicals que intenten donar resposta a realitats comunitàries noves, obertes, vinculades a l’Església local. La fidelitat no és només a l’Evangeli, és a la vida diària de l’home i a la dona de hui. I cal estar prop d’ells i de la vida que duen, per a poder connectar sensibilitats.

Espere que no siga pura ingenuïtat, però crec que, dins de totes les dificultats que té l’Església, que són evidents, no estem deixats de la mà de Déu. Que l’esperit vetla i, encara que li ho posem molt difícil, el Regne està creixent en la nostra diòcesi de València.

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“Nos mostraron una humanidad poco común” (Hch 28,2) 
¡Ut unum Sint, que seamos uno!
Andrés Valencia Pérez

Sugerente y estimulante es el texto, de este año, para orar por la unidad de los cristianos, y que nos proponen juntos el consejo de iglesias de Malta y el Pontificio Consejo para la Unidad de los cristianos. Un texto propicio para los tiempos que vivimos y ha de hacernos más sensibles, abiertos y dispuesto para acoger y escuchar a los hermanos.

Nuestra vida se refleja, no pocas veces en el texto bíblico. La narración comienza con Pablo siendo llevado a Roma como prisionero (Hch 27, 1ss). El relato es un drama actual de la humanidad, que cada vez más nos vamos acostumbrando a oír y ver; la potente tempestad que arrecia encima de ellos y, las condiciones les llevan a un terreno desconocido en el que están perdidos y sin esperanza. Toda la tripulación tiene miedo y son vulnerables. Mientras la historia se va desarrollando, vemos cómo aumenta la división entre los distintos grupos por la desconfianza y la sospecha. Una realidad presente en nuestra historia ecuménica, que ha marcado y que también nos hemos acostumbrado a oír.

Contra todo pronóstico, Pablo destaca como instrumento de paz en el alboroto. Confía fehacientemente en fuerzas que son indiferentes a su destino, su vida está en las manos de Dios, al que pertenece y a quien da culto (27, 23). Y contra todo pronóstico se salvan a pesar que el barco se hunde.

En el texto vemos como estas personas tan diversas y desunidas van “a parar a alguna isla” (27, 26). Habiendo sido puestos juntos en un misma barca, con una inmensa diversidad, divisiones, llegan al mismo destino, en el que se pone de manifiesto su unidad humana a través de la hospitalidad de los isleños. Una humanidad poco común.

Aquí se refleja el desafío de los cristianos, volver a los textos sagrados nos mantiene en sintonía con nuestro testimonio de seguidores de Cristo. Es muy necesaria la virtud de la hospitalidad en nuestra búsqueda de la unidad de los cristianos. Es un hábito que nos invita a una mayor generosidad para con los que pasan delante de nuestras vidas y pasan necesidad y, que necesitan de nuestra acogida. Pablo y sus compañeros experimentaron este hospitalidad, muchos de ellos no conocían a Cristo, pero fue a través de este trato “poco común”, se fueron acercando a él. Como cristianos hemos de avanzar, sin límites, en ofrecer hospitalidad también en los encuentros cordiales con aquellos que no comparten nuestras tradiciones, cultura, comidas, lenguas o religión, con esta forma de testimonio nos reconocerán que somos cristianos.

Ut Unum Sint
En el camino de la vida de fe y en estos viajes tempestuosos y encuentros casuales la voluntad de Dios para su Iglesia y para todas las personas llega a su plenitud. Así anunciaba Pablo en Roma, esta salvación de Dios ha sido ofrecida a todos los pueblos (Hch 28, 28). Sin embargo, en la barca de aquella tormenta, vemos reflejada nuestra unidad y comunión, no pocas veces debilitada, atacada, desconfiada y con muchos miedos ante los desafíos de unidad visible de la Iglesia. Nos queda aún por navegar para llegar a buen Puerto, por lo tanto debemos continuar intensificando todos los esfuerzos en gestos, palabras y acción que nos conduzcan a ese feliz día en que se alcance la plena unidad en la fe y podamos concelebrar en concordia la sagrada Eucaristía del Señor (Ut unum sint 77). Haciendo también un ejercicio Ad intra de hospitalidad en nuestra Iglesia, nos renueva y purifica, porque la hospitalidad o ser hospitalarios significa acoger, recibir al extraño/extranjero o lo incómodo y, esto del ecumenismo, para muchos es extraño, incómodo, ajeno a lo nuestro, a lo que estamos acostumbrados y que no implica mayor cuestionamiento.

En este sentido la encíclica de San Juan Pablo II, Ut unum Sint, que el próximo 25 de mayo tiene su aniversario 25, sin duda un motivo de celebración por este documento único sobre ecumenismo después del Concilio Vaticano II y, que ha de servir para una revisión de nuestra hospitalidad, de examinar nuestra humanidad poco común hacia este documento. En ella Juan Pablo II, nos invita, a la Iglesia católica a un “diálogo de conversión”, es decir, un diálogo interior sobre el ecumenismo. En ese diálogo, que se realiza ante Dios, cada uno debe reconocer las propias faltas, confesar sus culpas, y ponerse de nuevo en las manos de Aquel que es el Intercesor ante el Padre, Jesucristo (Ut unum Sint 82).

¿Cómo acogemos los avances, los diálogos y convergencias del diálogo ecuménico? ¿cómo acogemos en nuestras comunidades los documentos, los gestos que vemos y que ayudan al ecumenismo vivo? Mientras caminamos, oramos y trabajamos por la unidad sobre nuevos temas o se desarrolla con mayor profundidad, tenemos una tarea que llevar a cabo: acoger los resultados alcanzados hasta ahora; a ejemplo de la comunidad de Malta que acogió lo desconocido hasta ahora, acogió a Pablo y el mensaje de salvación. Estos avances no pueden quedarse en conclusiones de las Comisiones bilaterales, sino que deben llegar a ser patrimonio común. Para ello debemos pensar y reflexionar las formas y competencias diversas que abarque a todo el pueblo de Dios.

Seamos dóciles y valientes para acoger, seamos valientes y confiados como lo fue Pablo y sus compañeros en medio de la tempestad y, dejémonos guiar por el Espíritu del Señor. Aprendamos a acoger con una humanidad poco común.

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El papa Francesc, ¿és un «lliurepensador humanista»?
Mercedes Cuartero Ferrer (València)

Un alumne em preguntava si el papa Francesc és un lliurepensador, i la meua resposta va ser un no contundent.

Conec humanistes, lliurepensadors, d’esquerra i de dreta. En general, són bona gent, bohemis molts d’ells, anàrquics, relativistes. Lliurepensador és una persona que sosté que les posicions referents a la veritat han de formar-se sobre la base de la lògica, la raó i l’empirisme i no de l’autoritat, la tradició, la revelació o algun dogma en particular. El papa Francesc no és un lliurepensador, i a alguns cristians que es definixen a si mateixos com a lliurepensadors, els diria:

1. Utilitzar l’expressió «lliurepensador» com a sinònim d’anar contra corrent en societat, és indegut. Són dos expressions diferents. L’alegria del cristià és anar contra corrent, amb un pensar orientat.

2. Hi ha qui utilitza l’expressió lliurepensador de forma «anti». En absolut; es compartix el criteri cristià que un pensador lliure és aquell que és capaç de viure la fidelitat a la pròpia consciència i a la raó, sense contrariar l’acceptació d’una veritat revelada. Per al cristià, el mateix creador de la raó és el mateix que es revela.

3. Respecte a l’autonomia de la consciència. Tal vegada calga recordar a molts «lliurepensadors» que un cristià no pot defendre l’autonomia de la consciència en brut, ja que esta pot errar. Les consciències subjectives no són criteri de veritat, o de bondat, o d’ètica. Quan es parla de consciència, es parla d’una consciència objectiva, és a dir, que ha de ser raonada, etc. Enfront de l’autonomisme moral, la consciència cristiana es reconeix engendrada, i l’Església hi pren un paper primordial. Existix el deure de seguir la consciència, ja que esta realitza la cerca de la veritat. La seua dignitat es troba en el fet que és «la norma pròxima de la moralitat personal» (Veritatis Splendor, 60); però això no vol dir que siga la norma última. No té sentit tancar l’autèntic esperit religiós en la sola intimitat de la consciència. L’Església s’expressa com a Mare respecte a la consciència. I per al cristià les figures de Maria i Pere es presenten com dos elements constitutius del ser fills de l’Església.

El papa Francesc no és un lliurepensador. En el seu tracte amb les persones, les insistències del papa són dogmàtiques: tots som fills de Déu..., tots, no es pot descartar a ningú. El papa no prescindix dels elements teològics i constitutius del discerniment eclesial, i no reduïx la il·luminació a l’arbitrarietat ni al subjectivisme.

El papa Francesc és un humanista lliure, vigorós, verdader, autèntic. Això sí. Es pot dir que les seues maneres de dir estan obrint camins nous a l’Església, reflexionant sobre els verdaders processos d’integració. Però la seua doctrina és la mateixa del Catecisme de l’Església Catòlica i dels papes anteriors, reajustada als desafiaments del moment present.
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