A FONS

A FONS L'EROS EN LA VIDA DELS PASTORS

Michel Aupetit, o el eros del clero

Cosme Puerto Pascual O.P.

Michel Aupetit, arzobispo de Paris, ha sido cuestionado por un artículo de prensa, sobre su gestión de la diócesis y su vida privada, entregando su cargo “en manos del Santo Padre”, la semana pasada, con el fin de “preservar la diócesis”.

El detonante de todo esto, ha sido la publicación en el semanario Le Point, de una investigación sobre Aupetit, en la que se revelaba una relación íntima del prelado, con una mujer adulta, desde hace unos 10 años, lo cual le llevó a presentar la renuncia de su cargo.


El Papa Francisco aceptó la renuncia del arzobispo de París, Michel Aupetit, según informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede y además, el Santo Padre ha nombrado a Georges Pontier, arzobispo emérito de Marsella y administrador apostólico de París.


Éste caso, aunque no es similar al del obispo de Solsona, Xavier Novell, que hace unos días se casó con su pareja Silvia Caballol, psicóloga y escritora de novela erótica, y al del Obispo Raúl Berzosa, que hace unos años, saltó a la prensa por un problema de faldas, es una ocasión más para dialogar sobre el eros vivido con fidelidad y también sobre la infidelidad oculta de muchos clérigos.


La teóloga Laetitia Calmeyn implicada en el ‘affair Aupetit’ denuncia el caso como una ‘calumnia’, una difamación, una invasión de la intimidad. Y seguro que no le falta razón.


El mundo católico está viviendo hoy, en una doble y encontrada actitud, en lo que al tema erótico sexual se refiere, y ésta postura muy extendida en lo que al eros corresponde y a una muy generosa permisividad, que degenera con frecuencia, en la más zafia de las vulgaridades y en ocasiones incluso en atentado y delito, como nos indican la trata de mujeres, las violaciones, los abusos de menores, o el uso de pornografía. En el otro extremo, una actitud de negación, represión, reserva, miedo, culpabilidad, desconfianza o huida, representa ante todo por las instancias jerárquicas, religiosas o sacerdotales, ante la hipersexualización erótica del mundo actual.


Las dos actitudes me preocupan mucho como sexólogo creyente y constituyen objeto de inquietud, pero es la que afecta a la relación de eros, religión y espiritualidad, la que más me interesa ahora, por eso no termino de desterrar de mi mente, la sospecha de que detrás de ella, está el recelo y la sospecha, que se pone de manifiesto a propósito del celibato sacerdotal. La negativa cerrada al acceso de la igualdad de las mujeres, los cargos de poder en la Iglesia católica y en todo lo que le corresponde, como a los varones, oculta un inconsciente colectivo, que alberga concepciones ancestrales de desprecio de las mujeres y de gigantesca desigualdad.


Durante siglos, la Iglesia ha dado la espalda al eros y aunque el Concilio Vaticano II, supuso un paso adelante, sigue urgiendo una nueva mentalidad que conjugue erótica, vida espiritual, castidad y celibato. Entre el ágape y el eros, se ha hecho tradición en la Iglesia de una distinción nada afortunada. Esta tradición privilegia una postura de tipo espiritualista de lo amoroso, e ignora o denigra al erotismo. No olvidemos las duras críticas de Nietzsche al desprecio y olvido del eros en el mundo cristiano, que lo ha llenado de tristeza y culpabilidad y le ha dañado hasta darle muerte.


Los cada vez más frecuentes fracasos de obispos, sacerdotes y religiosos en sus compromisos de fidelidad celebratoria, que saltan a la prensa y otra inmensa mayoría que permanecen ocultos, están poniendo de manifiesto la falta de una educación erótico-sexual y de un conocimiento y un aprendizaje de las relaciones sexuadas hombre/mujer en igualdad, acorde al mundo en que vive el clero y que compartan, placer, responsabilidad y decisiones, ante los problemas de las relación. Los modelos familiares, sociales y religiosos, en los que históricamente se han conformado y educado la personalidad y los roles de género, para los hombres y para las mujeres, han condicionado las relaciones entre ambos sexos y consecuentemente, las relaciones sexuadas y eróticas del mundo célibe.



De ahí, la necesidad urgentísima de abordar esta línea de intervención como son la sexualidad y el eros como parte de la vida célibe. Todas estas temáticas, deben formar parte de las líneas de intervención de los programas formativos, en los seminarios y en los centros de educación teológico y pastoral. Esto hoy por hoy, está ausente en las líneas educativas de la mayoría de los seminarios católicos de todo el orbe.


Las ideas malsanas respecto a la sexualidad y el eros, en la enseñanza de la iglesia católica del pasado, están muy presentes en nuestros centros educativos y en los fracasos en la vida célibe. El eros o deseo, es la fuente de la pasión, la imaginación y la intimidad y para el clero, éste ha sido eliminado, reprimido, negado o tratado con sospecha, oscurantismo y culpabilidad, sin embargo, si no se aprende, educa y cultiva el deseo, se pueden eliminar la calidez y la espontaneidad del amor célibe y dejarlo sujeto meramente a la buena voluntad, termino ambiguo, que no va dirigido a nadie en particular.


Cuando no se concede al eros atención suficiente, la castidad y el autodominio, pueden convertirse en mera ausencia de amor y si por fuertes motivaciones, una persona célibe puede estar preparada para plantearse una vida sin sexo genital, de ninguna manera alguien que esté en sus cabales, debería pensar ni por un instante, en la idea de una vida sin abundancia de eros y de amor de ágape.


Si se niega el eros, es inevitable que entre los candidatos masculinos al sacerdocio, haya también una negación de lo femenino, que nutre y modela su energía y si lo masculino no está equilibrado, será imposible relacionarse con la propia intimidad y también conllevará la pérdida de la ternura humanizadora, por lo que debe quedar claro que la necesidad de intimidad es particularmente importante, ya que no puede ser sofocada, y si no se ve satisfecha, tratará de expresarse por otros caminos de formas tortuosas, obscuras y encubiertas.


Quiero que quede bien claro todo lo que he dicho y que no sea objeto de malas interpretaciones por un clero conservador y represivo, que hacen que muchas ideas de la sexualidad en el pensamiento de la Iglesia católica, sean malsanas y provocan el que un número importante del clero, camine hacia la infidelidad y el abuso sexual y que también considero igualmente perjudicial, la actitud de muchos permisivos en “la que todo vale” y que también puede llevarnos al mismo destino. El clero, que con las falsas ideas del pasado, ha flirteado con esta mentalidad, ha entrado en un territorio muy pantanoso, donde es muy fácil hundirse, fracasar y ser infieles al proyecto de vida.

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