INTENCIÓ DEL PAPA

INTENCIÓ DEL PAPA Estiu 2020

La sagrada familia
Bernardo Pérez Andreo, es Profesor Ordinario de Teología en el Instituto Teológico de Murcia

El Papa Francisco nos invita a rezar estos meses que coinciden con el verano por los recursos del Planeta, por las gentes del mar y por las familias. Son tres intenciones de oración que pueden resumirse en una frase: oremos para que la familia humana sea capaz de respetar los recursos puestos a su disposición, especialmente los de los mares, y que nuestras vidas se rijan por criterios de humanidad compartida. Estas intenciones de oración están vinculadas directamente con varios de los documentos de este pontificado, como son Laudato Si’, Evangelii Gaudium y Amoris Laetitia, donde el Papa realiza una aportación definitiva a la revalorización de la naturaleza y del esfuerzo por su cuidado como un pilar fundamental de la fe cristiana y como reconsideración de la familia en perspectiva creyente. Durante demasiado tiempo la fe pareció estar ausente de las preocupaciones medioambientales. El acento se puso en la familia como iglesia doméstica, y ésta como una institución al servicio del desarrollo de los individuos. Esta concepción nos vinculaba más a un ideario tradicionalista conservador, pero paradójicamente, desde los años ochenta, nos relacionó íntimamente con el neoliberalismo, que propugna un individualismo hedonista que se despreocupa, no solo de las cuestiones sociales, también de las medioambientales.

La deriva de la concepción de la familia a posiciones neoliberales podrá sonar extraña a algunos oídos, pero a poco que se considere se verá que el neoliberalismo es una especie de calvinismo secularizado, donde la salvación se obtiene por la subjetivación individualista de tipo darwinista. Es el individuo quien, por una especie de predestinación laica es capaz de construir su mismidad sin ningún vínculo con la sociedad que le rodea, a veces incluso a pesar de esa sociedad, y mucho menos con algún vínculo con la naturaleza. El individuo es un semidios que ha venido a este mundo para su autorrealización y lo hace a expensas del resto. Los que tienen éxito es por una determinación de la naturaleza y por su propio mérito; los que fracasan es a causa de su propia culpa. Esta ideología requiere de un núcleo familiar autónomo que impulse a las personas para ser ellos mismos, en su propia libertad, sin más relación. La familia, así considerada, fue adoptada por núcleos tradicionalistas católicos que le han hecho el juego al neoliberalismo. Todo el discurso de la familia como núcleo social o como constitutivo básico del desarrollo de la persona va en esta dirección.

El Papa Francisco ha propuesto una visión del mundo donde todo está conectado, donde es imposible separar a la persona de sus relaciones sociales y su entorno natural, donde lo transcendente sucede en lo inmanente, donde nuestra casa es el Planeta y nuestra familia la humanidad al completo. Se puede afirmar definitivamente que la propuesta de este pontificado desvincula la visión tradicional de la familia cristiana del neoliberalismo y la vuelve a encauzar en los lineamentos del evangelio. Allí podemos observar cómo Jesús nunca tiene ni una buena palabra acerca de la familia en sentido tradicional. La propuesta de Jesús es la creación de una nueva familia constituida por varones eunucos (eunucos sociales, que son los que abandonan su dominio sobre la familia), mujeres socialmente no reproductivas, las prostitutas, enfermos y niños. Se trata de una familia sin padre, de una familia de fraternidad y sororidad social, más allá de los vínculos sanguíneos. Es una familia que rompe las estructuras patriarcales y las pirámides de patronazgo. Esta es la verdadera familia cristiana, la sagrada familia de la humanidad, donde los seres humanos se convierten en personas plenas, vinculadas a los demás y a su medio natural.

El futuro próximo, más aún en tiempos de pandemia, depende de que seamos capaces de echar el freno de emergencia al tren desbocado del capitalismo neoliberal. Si somos capaces de vivir dentro de los límites que nos impone este maravilloso planeta Tierra y dentro de los límites de las relaciones y vínculos de amor y misericordia familiar, tendremos la opción de un cambio radical que nos asegure la supervivencia en este mundo. De lo contrario, nos veremos abocados a un proceso de sufrimiento y agonía de la civilización actual.

INTENCIÓ DEL PAPA Estiu 2020

Oración como contemplación en la acción
Emilce Cuda, es doctora en Teología por la Pontificia Universidad Católica de Argentina. Ponente en dos ocasiones en el Fòrum Cristianisme i món d´avui

No se puede hablar de oración ni de intenciones sin poner esa praxis en contexto trinitario. El Papa Francisco nos habla de una Iglesia Misionera. Se trata de una Iglesia que, como Esposa de Cristo se va conformando a El. Esto se va aclarando en la medida que se interioriza a Dios como uno y trino, como creador y por tanto: misericordioso y providente. Ese Dios es una relación de amor entre personas: la del Padre que crea, la del Hijo que salva y la del Espíritu Santo que une. El Padre crea al mundo y al ser humano como fruto concreto, corpóreo, de una relación de amor entre las personas de la trinidad. A su imagen y semejanza, la creación y las criaturas son también una relación de amor. Ese amor se manifiesta como comunicación de alabanza, de reconocimiento de la manifestación de Dios en todas las cosas y todos los seres humanos. El pecado, por el contrario, irrumpe en esa relación amorosa, constitutiva de la creación y las creaturas; rompe esa relación amorosa y desconoce en las cosas y los seres humanos la imagen de su creador. Desconecta la comunicación que los constituye. Pero el Padre, misericordioso y providente, envía a su Hijo en misión al mundo para re-vertir esa situación de incomunicación y desconocimiento. Su misión es con-vertir, hacer que la creación y la creatura vuelvan al seno de la Trinidad. Su misión es una praxis salvífica: re-capitular la creación en Dios. Eso implica volver a conectar a las criaturas entre sí, con el resto de la creación, y con Dios. La misión del Hijo es re-instalar la unidad, unidad entre los seres humanos y de estos con el Padre, con la mediación del Hijo, al cual se llega por la mediación de María, su madre.

La unidad es unirse a Jesús el Cristo, con-formarnos con Él, y con su mediación, conformarnos a imagen de semejanza del creador: Dios, Uno y Trino. Esa conformación, es la misión que Cristo viene a cumplir al mundo. Si nos unimos a Él, como pide el Papa Francisco, nos conformamos a su imagen y semejanza, en un cuerpo, la Iglesia, el cuerpo místico, su Esposa. Hacerlo es asumir su misión de con-vertir, de conectar, de comunicar para re-componer la unidad perdida. Esa misión es oración y praxis. Es estar en relación con Dios, con las cosas y con los seres humanos. Es estar en relacion amorosa, y cuando uno ama, lo dice, lo comunica al otro permanentemente, en modo de alabanza. Le dice a la persona amada cuanto la ama; lo dice todo el tiempo, y eso mantiene la relación como relación respetuosa por el otro.

Cuando amamos a alguien, creemos en él, y esperamos la felicidad de esa relación. Ese decir al otro “te amo” es todo lo que implica el amor. Esa alabanza se dice en palabras y en hechos concretos. Ese amor por el otro es un “decir” y un “decidir”; un hacer que me hace feliz y hace feliz al otro. Es una comunicación creadora: de una familia, de un trabajo productivo, del cuidado de la Casa Común con todo lo que ella implica. Cuando digo “te amo”, estoy orando al mismo momento que estoy contemplando en el otro la belleza, la bondad, la verdad. Cuando contemplo en el otro la belleza, la bondad y la verdad, lo reconozco como valioso, lo pongo en la valor, pongo en valor su cuerpo, y quiero comunicárselo, se lo digo, se lo repito, lo alabo, y hago cosas por él, por nosotros y por nuestra casa común.

De eso se trata una Iglesia misionera, de re-establecer la comunicación con la creación. De re-con-vertir el mundo a Dios. De re-establecer relaciones amorosas. Eso implica contemplación y acción. La contemplación sin acción puede llevar a la religión intimista, incomunicada. La acción sin contemplación puede llevar a la mera administración individualista. Cristo fundó una Iglesia que es pueblo, en el sentido de relaciones carnales, amorosas, colaborativas, no solo entre los seres humanos sino también con el resto de la creación. Una Iglesia militante, donde no solo estamos para salvarnos sino para salir y salvar a los otros y a toda la creación. La Iglesia alaba a Dios cuando le dice que lo ama, cuando cuida la familia que juntos con-formaron, cuando cuida la casa común que habitan. La Iglesia cuida la creación como esposa amada y amante.

El Papa Francisco invita de muchos modos distintos a cumplir esa tarea redentora. Habla de Iglesia en salida, Iglesia misionera, Iglesia hospital de campaña. Pero no se trata solo de praxis, sino también de oración. Porque Dios es oración-alabanza entre las personas, es decir amor. Se trata de conectar la oración con la praxis. Se trata de contemplación en la acción. Las intenciones de oracion universal para los próximos tres meses son por: nuestras familias, para que sean acompañadas con amor, respeto y consejo; por los trabajadores del mar; por los recursos del planeta, para que no sea saqueado, y nos comportemos de de manera justa y respetuosa.

De eso se trata ese modo de santidad que propone Francisco en Gaudete Exultate: “el santo de la puerta de al lado”. Se trata de humanizarse, y no de divinizarse. Se trata de encarnarse, de habitar un pueblo que es ecclesia, de sensibilizarse -como pide en Amada Amazonia. Se trata de amar y hacer, es decir de orar y misionar para que todos seamos uno como Dios es Uno. Se trata de vencer el espíritu del mundo que busca la riqueza a costa de la vida de las personas y del planeta. Esa victoria requiere de una disciplina espiritual y corporal sin la cual la oración no sera comunicación amorosa sino mera repetición desconectada del sufrimiento de la creación que clama al cielo mediante los pobres y la tierra.

El Padre envió a su hijo a hacer un trabajo, redimir, que según Laudato Si tiene el sentido de volver a conectar: a los seres humanos entre sí, con la madre-hermana tierra, y con el creador. Esa conexión es oración como contemplación en la acción, porque es poner el cuerpo, sentir, para poder amar a Dios en todo. El trabajo como cuidado es un servicio divino, una misión. Para eso hay que descender al mundo, al cuerpo, en misión redentora, imitando a Jesús. Es hacer de una economía que mata una economía de la salvación. Es ponerse en movimiento escatologico comunitario iniciando procesos, sabiendo que el Reino de los Cielos no es de este mundo pero comienza en este mundo, ya pero todavía no. Orar es decir, es discernir, es tomar una decisión que se traduce en acción redentora, es poner la re-versa, decirlo de otro modo, es iniciar el movimiento que transfigure al mundo hasta ver ahí la imagen de su creador, que es relación amorosa de reconocimiento entre las personas y cuidado de su criatura, fruto del amor. Es una dinámica trinitaria de encuentro reflejada culturalmente al estilo de cada pueblo. Es migrar de la cultura del descarte. Es iniciar el camino de la bienaventuranza, un camino de vuelta al Padre.

En eso consiste el drama de la historia, en aprender, en saborear la oración como pascua, como paso, como puente que conecta lo distinto pero no cae en lo diverso. Oración que une y no divide. Oración encarnada, como momento decisivo de un nuevo modo de estar-en-el mundo. Una mística que se con-vierte en ética teológica y ecológica, sin pretender re-formar, sino con-formar.
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